Hace un año abríamos por primera vez las puertas de Tambre Alicante.
Recuerdo muy bien aquellos días. Habíamos dedicado meses a tomar decisiones, preparar espacios, formar un equipo, definir procesos y cuidar cada detalle para que todo estuviera listo. Teníamos un proyecto, unas instalaciones nuevas y muchísima ilusión por lo que estaba a punto de comenzar.
Un año después, miro atrás y me doy cuenta de que lo verdaderamente importante ha sido todo lo que ha ocurrido después de aquella inauguración.
Porque una clínica se puede abrir en una fecha concreta. Darle vida lleva algo más de tiempo y mucha pasión por lo que haces.
Y eso es precisamente lo que ha sucedido durante estos doce meses.
Han llegado los primeros pacientes, las primeras consultas y tratamientos. Hemos acompañado historias muy diferentes, tomado decisiones, celebrado buenas noticias y estado cerca también cuando el camino no ha sido sencillo. Y, poco a poco, aquellas instalaciones nuevas han dejado de ser únicamente un espacio para convertirse en un lugar lleno de personas, conversaciones y experiencias.
Tambre llegaba a Alicante con casi medio siglo de experiencia en medicina reproductiva. No empezábamos de cero. Traíamos con nosotros una forma de entender la medicina reproductiva que se remonta a 1978, basada en la ciencia, la especialización y una atención muy cercana al paciente. Pero también teníamos claro que Tambre Alicante debía ir adquiriendo su propia identidad.
Y eso es algo que no se puede planificar completamente. Lo construyen las personas.



Lo he visto en un equipo que ha ido creciendo y aprendiendo junto; en profesionales que han asumido cada nuevo reto como propio; en pacientes de Alicante, de otros puntos de España y de diferentes países que han decidido confiar en nosotros; y en todos esos pequeños momentos cotidianos que nunca aparecen en una memoria anual, pero que terminan definiendo quiénes somos.
También hemos vivido momentos que hace un año todavía estaban por llegar. Hemos reforzado nuestra proyección internacional y recientemente hemos dado un paso muy importante con el acuerdo con la Real Federación Española de Fútbol, que nos permite acompañar a sus jugadoras y árbitras en el conocimiento y cuidado de su salud reproductiva.
Son hitos importantes. Pero cuando pienso en este primer aniversario, no pienso únicamente en ellos. Pienso también en todo lo que sucede cada día.
Hace unos días, por ejemplo, cambiamos durante unas horas la clínica por la Playa de San Juan. Nos reunimos para celebrar este primer año jugando al vóley, riéndonos y disfrutando juntos fuera de nuestro entorno habitual. Puede parecer un momento pequeño comparado con todo lo vivido durante estos doce meses, pero para mí también forma parte de esta historia.
Porque un equipo no se construye solo trabajando juntos. También se construye compartiendo, conociéndonos y disfrutando del camino.
Al hacer balance de este primer año he recordado algo importante: abrir un nuevo centro es un proyecto con una fecha marcada en el calendario. Hay unos plazos, muchas decisiones y una lista interminable de tareas que finalmente se completa. Dar vida a una clínica es diferente. Eso nunca termina.
Sucede cada vez que alguien cruza nuestras puertas y confía en nosotros. Cada vez que un profesional escucha, acompaña o comparte su conocimiento. Cada vez que aprendemos algo y conseguimos hacerlo un poco mejor.
Por eso, cuando miro las fotografías de aquella inauguración y las comparo con las de este primer aniversario, veo mucho más que doce meses de diferencia. Veo un espacio que hemos llenado de historias, un equipo que ha crecido durante este tiempo y un proyecto que empieza a escribir su propio capítulo dentro de los casi 50 años de Tambre.
Hace un año abrimos las puertas. Desde entonces, entre todos, hemos ido dando vida a Tambre Alicante. Y esto no ha hecho más que empezar.

