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La inteligencia artificial impulsa la innovación, pero son las personas quienes marcan la diferencia

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La inteligencia artificial está cambiando nuestra manera de trabajar y, en un sector como la medicina reproductiva, sus posibilidades son enormes. Nos ayuda a analizar información, mejorar procesos y avanzar hacia tratamientos cada vez más personalizados. Pero creo que hay algo que no debemos olvidar: por muy potente que sea una herramienta, su verdadero valor depende de las personas que saben utilizarla.

En Tambre llevamos tiempo incorporando la inteligencia artificial a distintas áreas de nuestra actividad. Está presente en nuestros laboratorios, en las herramientas que utilizan los equipos médicos y también en los sistemas de gestión. Para mí, apostar por la innovación significa precisamente eso, buscar continuamente nuevas formas de mejorar, tanto en la atención a nuestros pacientes como en el funcionamiento de toda la organización.

Uno de los avances más interesantes está relacionado con nuestro trabajo científico. En el laboratorio utilizamos herramientas de inteligencia artificial que ayudan a los embriólogos a analizar el desarrollo embrionario. También investigamos nuevas aplicaciones, como el proyecto Matris, que estudia cómo evaluar la receptividad del endometrio mediante inteligencia artificial para mejorar la información disponible a la hora de planificar los tratamientos.

Son avances que nos ilusionan, pero la innovación no consiste únicamente en incorporar tecnología. También exige que nuestros profesionales estén preparados para aprovecharla.

Por eso, acabamos de poner en marcha un programa de formación en inteligencia artificial diseñado específicamente para nuestro equipo directivo. Participamos 14 responsables de áreas tan diferentes como medicina, laboratorio, investigación, calidad, finanzas, marketing, recursos humanos, atención al paciente o dirección general. Contamos con especialistas en tecnología y ciberseguridad que nos están ayudando a conocer mejor estas herramientas y a identificar cómo podemos aplicarlas en nuestro trabajo diario.

Me parece especialmente importante que esta formación sea personalizada, porque las necesidades de cada departamento son distintas. Y porque estoy convencida de que aprender continuamente es una de las mejores maneras de seguir avanzando como organización.

Por supuesto, también debemos conocer los límites de la inteligencia artificial. En medicina, la seguridad de los datos, el rigor científico y la supervisión profesional son imprescindibles. La tecnología puede ayudarnos a tomar decisiones mejor informadas, pero nunca debe sustituir el criterio médico ni la atención humana que necesitan nuestros pacientes.

Como CEO de Tambre, quiero que sigamos apostando por la ciencia, la investigación y las nuevas tecnologías, pero también por la formación y el desarrollo de nuestros equipos. Porque la inteligencia artificial puede abrirnos muchas puertas, pero son las personas quienes marcan la diferencia.